Estaba ella de negro, impecable. Él la mira, cree estar en cielo. Ella se acerca y le dice ¿bailamos? Estupefacto, deja que le tome la mano y van al centro del bar. Primero, empieza ella a mover las caderas al son de la música, invitándolo a que siga el compás, Martín se anima, le coloca la mano donde la espalda pierde su honesto nombre y comienzan una serie de cadenciosos movimientos, aplaudidos por los muchos ojos que hacían el papel de espectadores. Hola me llamo Bárbara, te vi en la barra y me dieron ganas de bailar, sí de bailar- dijo ella- y aquí estamos. Martín estaba mudo, más bien abrumado por tan inesperada propuesta de la que pensaba era la mujer más hermosa en ese lugar. Le tocó aterrizar y soltó un ridículo e inapropiado “gracias”, al tiempo que el rojo naciente en sus mejillas delataba lo sofocado que estaba. Ella, muy animada por la música y en especial por su pareja emprende un periplo por sus más bajos instintos. Ya sabía lo que quería hacer y tenía la certeza que Martín, detrás de esa timidez, le tenía ganas. Él advierte el presuroso acercamiento de Bárbara y se dibujan en su mente imágenes que en un santiamén cobrarían vida. Ella se acerca más y le susurra “¡Ya dilo! Sé que esas ganas tienen mi nombre”.
yeah!! rejio , a todos nos pasa y es bueno chebere, y genial y mas si esa chica despues termina siendo la princesa de siempre..
ResponderEliminarme gusto mucho corto y rejio.
wooow! a cuántos tímidos nos transportó a un pasado cercano?
ResponderEliminarmuy bueno este cuento
De ahi pal baño parcerita, ese huevo quiere sal...
ResponderEliminarDos cucharadas de caldo y mano a la presa.
ResponderEliminarMe parece muy bien escrito. Ya quisiera yo escribir así. Te felicito
ResponderEliminarqué bueno!!! like it!
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